Droga y delito, una relación siniestra

19 Noviembre 2009  |  Publicado por Editor BRAHA en Cultura de las Drogas


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A medida que crece la presencia de estupefacientes en el país, se incrementan los delitos cometidos y la inseguridad

La Nacion - Opinion

A la luz de la violencia empleada sobre las víctimas en los hechos delictivos de los últimos tiempos, la inseguridad se ha transformado en uno de los problemas más graves que afectan a la sociedad argentina.

Cuáles son las causas que han provocado este aumento desmedido de delitos y los elevados niveles de violencia y agresividad que los caracterizan. Sobre el particular, son abundantes las pruebas de la relación existente entre la delincuencia grave, la violencia y el uso indebido de drogas. A medida que aumenta la presencia de sustancias estupefacientes en el país, se incrementa la cantidad de delitos cometidos y la inseguridad general.

Son cada vez más las personas que se encuentran severamente afectadas en su salud mental por los efectos del consumo sostenido de drogas, circunstancia que se torna dramática cuando además se dedican a delinquir. Cuando se cometen delitos bajo los efectos de las drogas, la ferocidad y la imposibilidad de parar de agredir son características comunes a todos ellos. Un delito violento no debería tener, además de la terrible violencia básica, la acumulación de ensañamiento y alevosía porque sí, aun ante la falta de resistencia de la víctima. Hoy se mata por matar; y nada ni nadie parecería poder ponerle freno a esta escalada de violencia y muerte.

El informe preliminar del I Estudio Nacional en Población Privada de la Libertad, que el Observatorio Argentino de Drogas, organismo dependiente de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar), encargó a la Universidad Nacional de Tres de Febrero, arrojó resultados que corroboran la estrecha vinculación entre droga y delito. En efecto, el sondeo en 73 unidades penitenciarias provinciales estableció que el 28,1 por ciento de los encuestados estuvo vinculado con las drogas al actuar bajo sus efectos, por necesidad de comprar estupefacientes o bien por ser parte del sistema de tráfico y comercialización. El 20,6 reconoció que actuó directamente bajo el influjo del alcohol y de drogas ilegales, mientras que un 10 por ciento aceptó que robó para conseguir dinero para abastecer su adicción. El 4% robó, hirió, asesinó o intentó matar en el marco del negocio “narco”, es decir, durante peleas con otras bandas por dominios territoriales o en ajustes de cuenta. Sólo el 4,7% está preso por haber violado la ley de estupefacientes.

Al respecto, el titular de la Sedronar, José Ramón Granero, señaló que la estadística marca que la educación y el trabajo representan los dos ejes ordenadores de la vida. Y que la intención es hacer un diagnóstico para que el Estado pueda desarrollar políticas adecuadas. Los resultados de la investigación, basada en las entrevistas a 2988 reclusos, confirman lo expresado por el funcionario: al ser consultados sobre la situación laboral previa al delito, sólo el 4,42 por ciento indicó que estaba desocupado. Pero la cifra de 88,31% de ocupación refiere a los investigadores la relación de estas personas condenadas con trabajos muy precarios, expuestos por los internos con la intención de marcar que no sólo estaban en el mundo del delito. El 70,3 tenía entonces un nivel de vida bajo y el 14,9, medio-bajo. El 26,6 por ciento no terminó la primaria y otro 52,6 quedó fuera del sistema escolar antes de concluir la secundaria.

El sondeo permitió también determinar que el 43,7 por ciento de los internos recibió condenas por delitos contra la propiedad; el 24,1, contra la vida (homicidios o intentos de homicidio); el 3,1%, homicidios seguidos de robo; el 18,8, contra la libertad, el 4,5%, contra la ley de estupefacientes, y el 5,3 fue condenado por otros delitos.

El tratamiento para las adicciones, aun con determinación y cooperación absoluta del consumidor, es largo, difícil, siempre provisorio y no tiene nunca garantías de eficacia ni permanencia, mucho menos cuando el paciente es un delincuente que carece de la convicción de someterse a él para recuperarse.

En reiteradas oportunidades, se ha señalado aquí la necesidad de crear una conciencia colectiva sobre cuán complejo es este fenómeno, de adoptar políticas de Estado contra la drogadicción mediante permanentes campañas de información, prevención y rehabilitación, y de la importancia de abandonar la tolerancia social que algunas drogas tienen en la sociedad, que ve crecer una generación de adictos al consumo y que aún no ha encontrado las soluciones apropiadas para evitarlo.


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